viernes, 1 de febrero de 2008

¿Llegamos a las gentes del pasado?

El otro día leía en el diario 20minutos un artículo sobre el auge de la ropa de lujo entre las nuevas oligarquías aparecidas en los paises del este de Europa.

Eso me recordó la interesante introducción de Julián M. Ortega Ortega a su "Anatomía del esplendor. Fondos de la sala de Historia Medieval. Museo de Albarracín", publicado en 2007 por la Fundación Santa María de Albarracín.

Allí el apreciado Julián incide sobre la necesidad de que los museos sean un instrumento de reflexión, para que la sociedad actual llegue a una correcta comprensión de sus fondos. Especialmente los museos arqueológicos albergan "emanaciones materializadas del poder, productos culturales de lujo empleados para expresar, para construir y mantener distancias sociales por parte de ciertos grupos e instituciones a ellos asociadas". La misión del museo es entonces "decodificar los mecanismos de legitimación de los poderes a través de los objetos, o de los monumentos", así como "evitar que ese lujo pasado continúe generando fetiches en el presente". Se debe exponer las representaciones del poder en el pasado (un poder que negaba las condiciones sociales que lo hacían posible), de forma que esas condiciones sean ahora patentes; de manera que la ruralización existente en el Albarracín medieval sea ahora tan conocido como el mundo urbano, el mundo cortesano para el que fueron creados esos objetos de lujo que hoy acaparan el espacio de las salas de los museos y cuya función principal era simbolizar y justificar las distancias sociales existentes entonces.

Es facil la traslación al mundo actual y, aunque con las variaciones obvias, comprobaremos que esas fortunas acabadas en -ich (o las que afloran en China) se asientan sobre un empobrecimiento mayor de la gran masa de la población, algo que está sucediendo desde hace unos años también el USA, y que es (o de bería ser) el centro de la campaña demócrata en las inminentes elecciones.

PD sobre el tema: Lujo y capitalismo, de W. Sombart.