miércoles, 12 de diciembre de 2012

Maqbara de Tauste, resultados en nº 41 Av. Conget







 Este texto explica, de forma resumida, los resultados obtenidos en la cata realizada entre el 1 y el 10 de octubre de 2012 en el patio del nº 41 de la Avenida J. M. Conget de Tauste, promovida por la Asociación cultural “El Patiaz” de Tauste y con la cooperación de algunos de sus integrantes y del M. I. Ayuntamiento de la villa de Tauste.

 Podemos asegurar que el espacio excavado fue utilizado en época andalusí como necrópolis islámica. La excavación se reveló ciertamente sencilla en cuanto a la estratigrafía y la secuencia pudo ser apreciada con claridad, llegando a reconocer varias modificaciones en la utilización del espacio a lo largo del tiempo, todas de época contemporánea y su posterior relleno; a parte de la propia erosión natural del terreno a lo largo de los siglos.

Pasamos a explicar estos restos.

Elementos contemporáneos (resumen)

 Se halló una serie de construcciones contemporáneas con muros de adobe de arcilla y esquinas de adoba de hormigón, típicas de mediados del siglo XX y unas solera de hormigón que cerraban una fosa séptica a la que aún vertían parte de las aguas residuales de la vivienda actual. Estas humedades provocaron el mal estado de alguno de los esqueletos medievales que luego señalaremos.
 Se han detectado varios surcos de reja de arado contemporáneo, que también afectaron a alguna de las tumbas medievales.
 Además hay que señalar un pozo realizado en el centro del patio UE 26, posiblemente para recoger humedades, y que destruyó parcialmente un par de tumbas.
 Una vez que esa caseta se fue modificando hasta configurar la vivienda actual, se fueron derribando los muros y suelos excavados y los escombros producidos generaron el relleno que elevó la cota del patio actual hasta 0,75 m de altura sobre el plano del asfalto de la avenida Conget que se encuentra en este punto a 265 m SNM.


 Tal como se explicaba en la solicitud de permiso de intervención, ante los testimonio orales que aseguraban haber visto enterramientos “boca arriba” y excavados en la roca en solares próximos; nos planteamos la posibilidad de la existencia previa de una necrópolis visigoda en algún promontorio más alto en esta zona.
 Con los resultados obtenidos queda descartada esta posibilidad. Por un lado el citado promontorio ha resultado ser una acumulación de escombro contemporánea, y por otro, la excavación en roca fue casual: cuando las fosas de las tumbas islámicas simplemente coincidían con una capa de piedra de yeso natural, como más adelante veremos.




 

Cementerio musulmán.


Descripción general.

 De las tumbas detectadas pueden extraerse una serie de elementos comunes, prácticamente iguales a los vistos en la intervención de 2010; que pasamos a describir a continuación, dejando las peculiaridades de cada enterramiento para sus fichas específicas.
  • Individuo en conexión anatómica colocado sobre su costado derecho, con la cara enfilada hacia el sureste.
  • Estructura mínima. Como mucho algo de adobe o arcilla compacta, colocado en el lateral Oeste de la fosa. En esta campaña no hemos hallado conservada ninguna cubierta en los márgenes de las fosas como las de 2010.
  • Fosa excavada en el suelo arcilloso, conservada mínimamente por la acción de la erosión y de las actividades contemporáneas. En la zona predominan los materiales formados en el periodo Terciario y durante el mioceno, constituidos por yesos masivos alabastrinos alternando con yesos terrosos, margas yesíferas y margas calcáreas. Este nivel de medio metro de espesor en la zona de la cata, en el cual se excavan las fosas tiene elementos de esos tres materiales predominantes, mezclados en una granulación fina, con escasa densidad de elementos orgánicos y en el que no se ha detectado ningún elemento arqueológico. Una de esas capas configura unos 25 cm. de piedra de yeso de asentamiento casi horizontal, con alguna ondulación. En ella se concluyen los fondos de las fosas de varios enterramientos; a excepción de la Tumba 18, que lo perforó totalmente, colocando el individuo por debajo de la cota de la capa de piedra de yeso.
  • Algunas de estas fosas tienen su lado oeste cortado en recto, mientras que su lado Este está algo socavado en cueva. De este modo se les apoya la cadera en el lado Oeste, mientras que los brazos, cabeza y pecho parecen quedar protegidos por esa pequeña oquedad. Es posible que este tipo de paredes laterales cóncavas podamos ponerlas en relación con la existencia de covachas (shaq o ladj) en tumbas más complejas.
  • El suelo o piso del cementerio en su momento de uso parece no haberse conservado en este punto, pues no hemos detectado ningún cambio entre la tierra en la que se excavan las fosas. Podemos deducir que la superficie de paso de la necrópolis ha sido totalmente eliminado por la erosión y las afecciones antrópicas, al menos en este punto y en lo que respecta a los enterramientos más modernos.
  • Tumbas 12 y 18
  •  La cota media a la que hallamos las tumbas parece configurar tres capas de enterramientos. A pesar de lo poco definitorio de este tipo de datos, quizá se correspondan con tres fases de utilización del cementerio. En principio, y teniendo en cuenta sólo los individuos adultos, tenemos las Tumbas 9, 10, 12, 13 y 19 cuyas fosas oscilan entre los 264,50 y 264,60 m SNM. Más profundas están las Tumbas 11, 15 y 17 entre los 264,37 y los 264,42 m SNM. Por último, la Tumba 18 llegó hasta los 264,28 m SNM. Esta es la novedad más importante que ha proporcionado la presente campaña: la existencia de dos o tres fases diferenciadas de enterramientos en la necrópolis.

  • El estado de conservación de los huesos es medio en los individuos adultos, salvo en aquellos en los que las humedades de la vivienda actual han contribuido a su mayor degradación. La acidez de la arcillas han afectado notablemente a los esqueletos infantiles, de tal modo que los más endebles se encontraron desmaterializados en buena parte. 

  • Miriam Pina Pardos ha realizado un Análisis antropológico básico entre cuyos resultados cabe destacar que los restos pertenecen a esqueletos de tronco racial caucasoide y muestran patologías comunes, como la artrosis, asociada al lógico desgaste a causa de la edad, o la enfermedad periodontal, muy marcada en la mayoría de los esqueletos de individuos adultos, con abundante desgaste dental, así como caries y cálculos en las piezas, provocados por una fuerte actividad masticatoria y la ausencia de una higiene dental apropiada en la época. La presencia de una trepanación en uno de los restos hallados indica que ésta era práctica habitual entre la población musulmana, ya fuera con fines quirúrgicos o rituales.








Conclusiones


 Los cuerpos enterrados aquí lo fueron cuidando de mantener su masa facial orientada hacia la Meca, por lo que pertenecen a una necrópolis musulmana.

 La ausencia de ajuar en estos cementerios hace que normalmente no podamos precisar su cronología. Sin embargo el único fragmento cerámico hallado (en el relleno de la Tumba 17), ayuda a confirmar y completar los resultados de los análisis de C14 efectuados a los restos halados en la cata de 2010[1]. Este fragmento de panza de ataifor melado, con goterones de manganeso bajo cubierta, abarca una cronología desde el siglo X hasta el siglo XII. Así se cubren las fechas históricas de dominio islámico en las que no hallamos enterramientos en la cata de 2010.

 En cuanto a la densidad de enterramiento, la cercanía de las tres catas realizadas permite una hipótesis fiable, y deducir una ocupación intensa del espacio en esta zona, especialmente si se confirma en el futuro la existencia de varias capas de enterramientos.
 Ello confirmaría la estimación mínima de enterramiento de unos 4.500 individuos adultos, en los 20.000 m2 de superficie propuesta para esta necrópolis.

Queda pendiente de comprobar en futuras intervenciones si el espacio sin tumbas pudiera corresponder a una calle del cementerio.

 Estas suposiciones deben ser corroboradas o refutadas por futuras investigaciones que delimiten completamente la necrópolis, en especial en sus lados este y sur.

 


[1] Los resultados obtenidos las dataciones radiocarbónicas realizadas por el Laboratorio de Geocronología (situado en el Instituto de Química-Física Rocasolano) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Madrid, fueron: un primer enterramiento (T.2) fechado entre la segunda mitad del siglo VII y los tres primeros cuartos del siglo VIII, otro (T.3) fechado en los siglos IX-X y un tercero (T.1) más centrado en el siglo X.